DECLAMANDO A VALLEJO

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Alfonso: estás mirándome lo veo,
Desde el plano implacable donde moran
Lineales los siempre, lineales los jamases…
Tropecé con estas líneas, cuando leía Poemas Humanos, allá por el segundo lustro de los ochenta, en que me propuse aprenderme de memoria Los Nueve Monstruos para poder declamarlo en un certamen cultural en el pueblo joven de El Porvenir, Sector Rio Seco; y no pude evitar sentirme aludido. En este poema el poeta santiaguino, dedica sus versos a su amigo Alfonso da Silva Santisteban, músico talentoso nacido en el Callao, que compartiera con César en Europa agotadoras faenas de bohemia. Cómo poder escapar de la fuerza emotiva que encierran sus líneas cuando termina diciendo
porque te quiero, dos a dos, Alfonso
y casi lo podría decir, eternamente
.
Mi relación con Vallejo se inició mucho antes, durante los cursos de la educación secundaria, frescos están aún, pese a los años transcurridos los 15 minutos que me llevó aprenderme Los Heraldos Negros y las interrogantes que cernieron en mi cabeza para explicarme algunos de sus versos. Años más tarde cuando me propuse declamar sus versos se hizo menos compleja la comprensión.
Retomando estos tiempos he de rememorar las verbenas artísticas que organizábamos en El Porvenir, estos eventos eran promovidos por un grupo de jóvenes entusiastas cuyo único afán era el de llevar algo de cultura a nuestros vecinos, en un lugar alejado de la ciudad de Trujillo en donde no era común escuchar un poema de César Vallejo, presenciar una obra de teatro, o simplemente disfrutar de la música vernacular. Eramos por aquellos tiempos un grupo de jóvenes inquietos, uno de los más animados era Juan Villacorta, presidente de este Club Juvenil que denominamos “Todos Unidos”, si la memoria no me traiciona. Juan es hoy en día, catedrático de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Trujillo, Jefe del Departamento de Literatura, espero que también recuerde con gratitud aquellos años.
Improvisábamos escenarios en los descampados arenales o sobre algún tráiler habilitado para este fin, en el mejor de los casos en algún salón parroquial o local comunal. Aún recuerdo nostálgicamente, el rostro embelesado de los concurrentes cuando escuchaban a Nacho Narvaez, - declamador colombiano que radicó varios años por estos lares - interpretando poemas de César Vallejo, era simplemente genial y lograba transmitir las emociones del poema a sus observadores y entonces más allá de la significancia de cada verso, el público sin más preparación que la escuela que da la vida, lograba conmoverse y los aplausos eran su manera espontanea de reconocerlo. En aquellos días enrumbaba mis primeros pasos en la declamación fuera de las aulas escolares.
Se han realizado y seguirán efectuándose múltiples estudios sobre la poética vallejiana, y enhorabuena que así sea; no obstante, sus versos al margen de la lingüística, el vanguardismo y la revolución de la palabra con la que fueron concebidos también albergan en su contenido cargas emocionales que hacen despertar las sensibilidad en cualquier ser humano, de allí su universalidad, he aquí la grandeza de quien clamó diciendo: “ Y de resultas del dolor/ estoy triste hasta la cabeza/ y más triste hasta el tobillo/ de ver al pan crucificado…

1 comentarios:

Pili dijo...

Las poesías de Cesar Vallejo son muy sentidas, llegan al corazón si realmente una las lee con detenimiento imaginando el sentir profundo del poeta mientras las iba creando. En lo personal me gustaría declamar los Heraldos Negros, pero me pregunto cómo realmente hacerlo y llegar al público, ¿me podría dar alguna sugerencia o pista de como realizarlo? Muchas gracias